Archivos para Agosto 2007



Institut Ramón Llull

No tuve el gusto de conocer a Ramón Llull, nos llevamos algunos siglos de diferencia, debió de ser una gran persona, un gran escritor, digno de ser reconocido.

Catalunya, para poder escribir su Historia, de nuevo ha tenido que recurrir a escritores foraneos, y mediante engaños, sobornos, chantajes políticos y pagos ha conseguido incorporar a éste ilustre Mallorquín a su Imprerialismo Surrealista.

El Institut d´Estudis Ramón Llull es un ejemplo de ello. No incorporo el enlace por no otorgarles visitas, aunque os recomiendo un paseo por su web.

Hay dos tipos de mentirosos:

Los mentirosos y los catalanes independentistas. Podreis comprobarlo en dicha web.

Niño catalanista

Mosatros

CARLOS JARABO PAYÁ/
Hace años, fui invitado a una tirada de patos en uno de los vedados de Sueca. Terminada la cacería, con discreto éxito ya que era bien entrada la temporada, nos reunimos en la Montanyeta dels Sants para comer una buenísima paella que allí mismo se cocinó. Había invitado el alcalde de Sueca entre otras personas a un señor catalán, joven, que tenía una cierta responsabilidad en temas de aguas en Cataluña.

En un momento determinado a lo largo de la conversación, le dijo el alcalde a este señor: ‘‘¡Que bé!, ¡vosté parla català, mosatros valencià i ens entenem!’’.

Esta manifestación espontánea del senyor alcalde de Sueca dilucidó por siempre para mí esta cuestión lingüística. Usted habla su idioma, nosotros el nuestro, que es diferente, pero nos entendemos. ¡Qué bien!

No debiera haber necesidad de acudir al filólogo musulmán Ibn Sid que en el año 1066, mucho antes de la Reconquista de Valencia, según nos recuerda José Boronat, se quejaba en uno de sus escritos de la dificultad de expresarse correctamente en árabe “habiendo de vivir familiarmente con personas que hablan romance”.

Que el origen del catalán sea galorrománico y el del valenciano iberorrománico es una idea interesante. Pero por encima de la literatura y la historia está el pensamiento, y la convicción del pueblo. Mosatros parlem valencià.

Me gusta la palabra mosatros por ese mismo motivo. Por que lo dice la gente. Igual lo emplea Blanes en Alcoi, Fos en El Perelló o Colomer en Vila-real. Incluso los utilizadores del nosatres, cuando se acalora el discurso o en un momento de descuido, vuelven al mosatros.

Hay valencianos que no hablan valenciano. Gentes apreciadas de Requena, Utiel, San Antonio, Calderón, Buñol, Yátova y tantos pueblos de la llamada Valencia castellana y en el propio cap i casal, que pienso que deberían ir aprendiéndolo poco a poco, sin presiones ni exigencias, porque el valenciano es una lengua muy bonita y muy dulce.

Ahora bien, yo creo que en la capital debíamos tener más consideración con ellos. Noticias y deportes en el canal autonómico siempre en valenciano desplazan a este auditorio a los canales que se expresan en castellano, para bien o para mal.

La entrevista de un castellanoparlante con un locutor que emplea exclusivamente el valenciano, no me parece un comportamiento del todo correcto.

Hay otros valencianos, castellanoparlantes, que conocemos el valenciano y lo empleamos cuando viene a cuento. Yo me encuentro entre ellos.

Una señora, no retuve su nombre, escribió hace algún tiempo en una carta al director de LAS PROVINCIAS algo así como que para ella el valenciano era una gracia. Para mí también, en el sentido que define este término el diccionario de la RAE: “Don natural que hace agradable a la persona que lo tiene”. Muchos que somos habitualmente castellanoparlantes disfrutamos hablando valenciano. ¡Qué valenciano el de la Marina! ¡Qué valenciano hablaba Miguel el barquero de Benidorm y su familia y sus amigos! ¡Qué valenciano tan dulce el de las chicas y las señoras de Sueca, Gandia y Cullera! Bueno, pues, ¿y el de Alcoi?

Finalmente, hay valencianos que no saben castellano, yo creo que poquísimos, o que les cuesta hablar en castellano, de estos algunos más. Bueno, pues opino que estos grupos deberían ponerse rápidamente a practicar el castellano, entre otras razones porque es una lengua preciosa que la hablan millones de españoles y de gentes de todo el mundo.

Ojo con cerrarnos con el valenciano. El valenciano no debe ser un idioma que nos separe o nos distancie del resto de los españoles.

Volviendo al principio. Vosté parla català, mosatros valencià i ens entenem. Que bé. Pues que siga el entendimiento y el que bé. Sin olvidar el castellano.

En defensa del valenciano, por César Vidal

No descubro nada si confieso que amo entrañablemente Valencia. Cuando era niño pasé varios veranos en la cercanía de su mar y aprendí a entender su lengua y a recrearme en sus sonidos diferentes del castellano y el francés que yo hablaba, pero no por ello menos musicales. Con el tiempo conocería las aguas que bañaban sus costas mirándolas desde Cataluña y desde Portugal, desde Grecia y desde Andalucía. Sin embargo, en aquellos primeros años, para mí el Mare Nostrum fue, esencial y medularmente, un mar valenciano. Quizá porque siempre he tenido claro que Valencia también poseía un hecho diferencial tan acentuado o más que el de otras regiones españolas, pero no por ello se empeñaba en enfrentarse con sus hermanas de las islas o de la Península, determinados episodios me duelen de una manera especial. De entre ellos el que más congoja me causa es el del comportamiento injusto, desconsiderado, chulesco que descarga sobre Valencia y su lengua el nacionalismo catalán.

En los últimos días, las muestras no han sido, lamentablemente, escasas. Después de la afrenta insolidaria e injustificable de intentar privar a esa tierra, como a la cercana de Murcia, del agua del Ebro, los nacionalistas catalanes han vuelto a la carga arremetiendo contra la existencia del valenciano como lengua diferenciada.

No pasaría nada ciertamente si el valenciano fuera un simple dialecto del catalán. Sucede simplemente que no es verdad y que además tras esa afirmación no se halla una mera cuestión de discusión científica sino un verdadero programa de absorción de Valencia –el reino de Valenci – en unos inexistentes «Paisos catalans» capitaneados por una Cataluña que nunca fue reino.

De entrada hay que comenzar diciendo que el valenciano nunca fue catalán. Cuando las huestes aragonesas de Jaime el Conquistador recuperaron Valencia de manos de los invasores islámicos –una labor en que les había precedido efímeramente el Cid castellano– encontraron a una población que hablaba en una lengua romance que podían entender sin mucha dificultad, pero que no era, ni mucho menos, el catalán. El «Llibre del Repartiment» –estudiado entre otros por Huici, Cabanes y Ubieto– deja claramente de manifiesto que la lengua valenciana no llegó con las tropas del rey conquistador, primero, porque en su mayoría esas fuerzas procedían de Aragón y no de Cataluña, y, segundo, porque los pocos catalanes que vinieron no se asentaron en las áreas valenciano parlantes.

No resulta extraño que el gallardo monarca hiciera referencia a la «llengua valenciana» de aquellos valencianos y que nunca pretendiera identificarla con el catalán. El valenciano había alcanzado una verdadera edad áurea a finales de la Edad Media precediendo en ese esplendor a las propias ciudades italianas donde resplandecería el Renacimiento.

Por supuesto, tan claro resultaba a la sazón que valenciano y catalán eran distintos que el valenciano de Gandía ,Joanot Martorell ,de nuevo se me llena de recuerdos gratos el corazón ,señala en su obra maestra «Tirant lo Blanch» que escribe en «valenciano vulgar» pero no en catalán. Martorell –que causó la admiración del alcalaíno Cervantes hasta el punto de que su novela es uno de los pocos libros que se salvó de ser expurgado de la biblioteca de don Quijote– ha sido objeto de la codicia del nacionalismo catalán desde hace tiempo y por ello no extraña que en alguna edición de su libro publicada en Cataluña se haya suprimido sin el menor reparo su referencia a la lengua valenciana. Es sólo un botón de muestra del delirio al que se puede llegar empeñados en convertir un reino en sucursal de Cataluña que nunca alcanzó esa categoría.

Algún día se sabrá el dinero que el nacionalismo catalán ha gastado en intentar subyugar a la lengua valenciana como también lo intenta con la balear o con los dialectos aragoneses de la denominada Franja.

No pasa de ser un intento de sumisión propio del más rancio imperialismo. Precisamente por eso, hoy, cuando el partido socialista –hipotecado al nacionalismo catalán– ha llegado hasta el punto de negarse a defender la lengua valenciana en el Parlamento autonómico de esta comunidad, tengo la sensación de que, más que nunca, el valenciano debe ser defendido. Debe serlo porque es un patrimonio que enriquece y enorgullece a los españoles, sin excluir a los que como yo no lo tenemos como lengua natal.

Debe serlo porque es intolerable que precisamente aquellos que se jactan de no ser españoles, que reniegan de nuestro pasado histórico y que no pierden ocasión de atacar a la patria común encima pretendan reducir el legado de una hermosa lengua peninsular a un mísero y menor capítulo de la suya.

La transición democrática en la Comunitat

Sentencias del TSJ de la Comunidad Valenciana sobre la denominación de País Valencià en los Estatutos de la Universitat de Valencia. Casos de tránsfugismo político en beneficio de una nueva formación … Manifestaciones regionalistas en contra de los “ataques” de Cataluña a los valencianos……¿Se está reviviendo el viejo conflicto sobre la identidad valenciana?.

La Batalla de Valencia: Los principio del conflicto

Bajo la presidencia de José Luis Albiñana, se aprobó el 25 de Abril de 1979 como bandera del ente preautonómico las cuatro franjas rojas sobre fondo amarillo con el escudo del Consell, el actual escudo de la Generalitat, en el centro. Esta decisión provocó la crisis de “las sillas vacías” al abandonar los representantes de la UCD y de AP esa sesión. La batalla estaba servida.

El 11 de mayo de 1979 la bandera preautonómica del Consell ondeaba en el Palau de la Generalitat y una senyera con franja azul era situada en el mástil más alto del Micalet. Allí, cara a cara se veían las dos enseñas, “amb blau i sense blau”.

Monsonís, UCD, accedió a la presidencia del Consell tras la dimisión de Albiñana. El 14 de enero de 1980 se acordó en pleno, con tan sólo la asistencia y el voto de la UCD la supresión de la bandera cuatribarrada del Consell. Al día siguiente y hasta que los valencianos tuvieran un Estatuto solo ondearía la bandera española en los edificios públicos.

La tensión política

La defensa de unos u otros símbolos tuvo una clara expresión en el encierro de alcaldes en el Ayuntamiento de Quart de Poblet el 4 de septiembre de 1979. La colocación de la bandera del Consell en el ayuntamiento hizo congregar a un numeroso grupo de vecinos protestando. Cuando el Presidente del Consell, Albiñana, y el de la Diputación, Girona, llegaron al Ayuntamiento para inaugurar la Plaza del País Valencia (dejaba de ser del Caudillo) se cometieron agresiones y lanzamiento de todo tipo de objetos. Por la noche hasta 88 alcaldes de toda la Comunidad se encerraron en protesta por la situación de “terrorismo político” que se vivía y la falta de protección contra grupos de incontrolados. Ninguno de esos alcaldes era de la UCD, el encierro finalizó tras la entrevista que mantuvieron con el Ministro del Interior, Ibáñez Freire.

El 9 d´Octubre de 1979

Ricard Pérez Casado accedió a la alcaldía de Valencia el 5 de octubre de 1979, cuatro días después tuvo lugar la procesión cívica más complicada que se recuerda. El Ayuntamiento estuvo a punto de suspender el acto dada la tensión que había en los alrededores. Una multitud que se había congregado en protesta por la bandera del Consell lograron quemar la enseña cuatribarrada que ondeaba en el balcón del Ayuntamiento.

Al iniciarse la procesión se produjeron incidentes y agresiones contra la comitiva municipal a pesar de la fuerte presencia policial, no se pudo leer ningún discurso en el acto del Parterre. Todos los partidos políticos condenaron los lamentables incidentes que se produjeron ese día “festivo”.

El 11 de Septiembre de 1981

Coincidiendo con la Diada en Cataluña, se perpetró un atentado contra el domicilio de Joan Fuster en Sueca. Aunque no hubo heridos los daños en la fachada fueron importantes. Este atentado junto con el de la bomba en la sede central de la Universitat de Valencia y la bomba a la librería 3 i 4 fueron el exponente más extremo de la violencia valencianista.

Los himnos y la vía valenciana a la autonomía

El 8 de Octubre de 1978 y en el Saló de Corts del Palau de la Generalitat se firmó el Compromiso Autonómico con el que se iniciaba el camino hacia nuestro el Estatuto. Firmaron este acuerdo todos los partidos políticos valencianos del momento junto a los sindicatos un año más tarde. Tras el acto se interpretaron tres himnos, “El cant de redenció”, “el himne regional” y por último “la muixeranga”. La necesidad de interpretar hasta tres himnos, para llegar a un acuerdo, dejaba entrever la complejidad del camino a recorrer. Una complejidad que hizo abandonar la vía del 151, de las nacionalidades históricas, y optar por la vía lenta hacía la autonomía del artículo 143.

GUILLEM BERTOMEU

Cuando Cataluña no era Cataluña

http://www.elpalleter.com/actualitat/cultura/rellegits/la%20verdad.html

Vicent Giner Boira

Si se aportan premisas falsas, el resultado no puede ser la verdad. Por ello todo historiador ha de ceñirse sin equívoco alguno a aportar hechos ciertos si después la historia ha de ser exacta y verdadera.

Cuando se narra la historia de la conquista de Valencia es necesario citar a los pueblos de la Corona de Aragón que capitanearon y fueron el alma de la citada reconquista. Pero al hablar de Aragón y Cataluña, la gente mentalmente piensa que entonces eran lo que son hoy ambas regiones, es decir, Aragón las tres provincias de Huesca, Zaragoza y Teruel, y Cataluña las cuatro que hoy la conforman. Si ponemos esa premisa, nos saldrá la historia falsa, porque en el año 1238 Aragón no era lo que hoy es, sino más, y Cataluña no era lo que hoy conocemos, sino mucho menos.

El dominio exacto de ambas era el siguiente:

El Reino de Aragón estaba integrado por los territorios que hoy lo forman más todo lo que es la provincia de Lérida e incluida una franja grande del río Ebro hasta el mar, que tenía a Tortosa como ciudad costera. Por lo tanto, podríamos decir que las ciudades importantes del Reino de Aragón eran Jaca (la primera capital que tuvo cuando aún era Condado), Huesca, Lérida, Zaragoza, Tortosa y Teruel. Todo eso era el territorio auténtico del reino cuya corona tenía don Jaime “el Conquistador”.

Y aparte, Cataluña era un pequeño territorio que aún hoy los historiadores conocen con el nombre de “Cataluña Vella”, formado por unos condados independientes unos de otros, aunque reunidos bajo la tutela del conde de Barcelona.

Esta división territorial venía desde el mismo momento en que fueron reconquistadas Tortosa y Lérida a los moros. Ese suceso ocurrió en los años 1148 y 1149 y sus territorios no fueron incorporados a lo que aún no se llamaba Cataluña, sino que fueron integrados en el Reino de Aragón como parte del mismo, igual que ya lo eran las tierras de Huesca, Zaragoza y Teruel.

La razón remota fue que, estando los Condados de la Cataluña Vella sometidos al rey de Francia desde antes del año 801, no querían que el monarca francés creyera que Lérida y Tortosa también le pertenecían para integrarlos en su “Marca Hispánica” por derecho de conquista y, para alejarlos de las ambiciones del francés, fueron separados de Barcelona, creados Marquesados y, unidos al Reino de Aragón, como conquista aragonesa que eran.

Así, Ramón Berenguer se titulaba príncipe de Aragón, marqués de Lérida, marqués de Tortosa y conde de Barcelona. Y siendo esos títulos de marqués de mayor categoría que el de conde, quedaba ya imposibilitado que estuvieran sometidas al condado de Barcelona; porque ésto en la Edad Media era tan riguroso como hoy es en el ejército, donde un capitán no puede estar sometido a las órdenes de un simple cabo.

Y así estaban integradas en el Reino de Aragón, sin discusión, cuando Valencia fue conquistada, por lo que las gentes que vinieron de Lérida y de Tortosa a conquistar Valencia y quedarse luego repoblándola, ni eran catalanes ni podían serlo jamás, sino aragoneses, por pertenecer al Reino de Aragón. Tan aragoneses como los que vinieron de Jaca, de Huesca, de Daroca o de la misma Zaragoza.

Al final del siglo XIII (cuando el rey San Luis de Francia renunció a sus derechos sobre Barcelona), por una división meramente administrativa es cuando el rey de Aragón dispuso que Lérida también podía acudir a las Cortes de Cataluña pero sin dejar de formar parte de las Cortes de Aragón. Esa independencia que tenía Lérida se debe a que en ella estaba la única Universidad de la Corona de Aragón y, siendo ciudad universitaria, convenía que estuviera en las Cortes de Zaragoza y de Barcelona.

Es tan claro esto que narramos que los leridanos, ya en el siglo XIV, protestaron de que se les confundiera como catalanes, puesto que ellos no lo eran. Y está la famosa contestación de Pedro IV, “el del Punyalet”, cuya carta hoy existente está fechada en 22 de mayo de 1337, y en la que el rey se dirige al municipio de Lérida y que declara que aunque Lérida estuviera en Cortes de Cataluña, les aseguraba que no pertenecía al condado de Barcelona. Prueba rotunda de que los leridanos no querían que se les tuviera por catalanes ni estar sometidos a Barcelona. (Poseo reproducción facsímil del documento).

Así pues este hecho cierto de que en 1238, cuando Valencia fue conquistada, e incluso cien años más tarde, Lérida y Tortosa eran tan de Aragón como Zaragoza y no de Cataluña, no debe ser nunca olvidado por los que escriben o hablan de la historia, porque al hacerse el cómputo de repobladores, el número abundante de leridanos y tortosinos que vino a poblar nuestro Reino de Valencia hay que computarlo como aragoneses siempre, y nunca como catalanes. Y si así lo hacemos, que es en definitiva computar datos ciertos y verídicos, veremos que el porcentaje de los que vinieron de la “Marca Hispánica” o condados catalanes es muchísimo más reducido de lo que nos quieren hacer creer quienes nunca juegan con la verdad. Y nunca dicen la verdad porque la odian, ya que ésta les está diciendo a voz en grito que están falseando la historia y engañando al pueblo.

Interesante carta de Wenley Palacios a Francisco Camps

Navegando por la red pude encontrar éste fragmento de carta que Wenley Palacios, al que me gustaría tener el gusto de conocer, dirigió a Francisco Camps. La publico aquí ya que la considero muy acertada. 

CARTA A FRANCISCO CAMPS

E. Wenley Palacios Carreras

Tuve el gusto de decirle en persona que es una de las grandes promesas del PP a nivel nacional y reitero mi respeto por su sabia manera de hacer política, acosado por la oposición y las minorías extra, o casi extra, parlamentarias. Ha tenido que soslayar la locura catalanista, impulsada por Zapatero, que además de quitarnos el agua, nos priva de infreatructuras necesarias, del AVE e incluso de eso que la oposición ha consentido en llamar -a regañadientes- lengua valenciana. Ha consensuado una reforma de nuestro Estatuto, incorporando la claúsula que lleva su apellido, que en el futuro puede jugar un papel decisivo, si se consuma la destrucción de España. Todo ello sorteando la traición zaplanista, típicamente cainita, a cuyos miembros está discretamente, pero con mano firme, apartando de la dirección del partido. Los valencianos estamos de enhorabuena sabiéndo quien nos gobierna.

Como defensor de la libertad de cada persona, creo que cada cual, en cada momento, puede hablar en castellano, ruso, latín, valenciano, sánscrito, catalán, árabe, mandarín, en el idioma que prefiera. Y esto es válido en cualquier lugar del mundo donde que se encuentre. Lo único que debe tener en cuenta es que su interlocutor le entienda, pues en otro caso no podrán comunicarse. En esta Comunidad hay una mayoría que habla español, riqueza singular que nos permite enterdernos -en un mundo globalizado- con más de 400 millones de personas. Usted, Presidente, ha defendido su expansión en la última Convención Nacional de su partido. Tal vez un setenta por cien tienen como lengua materna el valenciano, ese que hablan los pastores, los leñadores, los aldeanos, la gente de la mayoría de nuestros pueblos y ciudades. Y, desde hace unos setenta años, poco a poco, se está introduciendo el catalán que inventó Prat de la Riba allá por 1905, que nada tiene que ver con el catalán que se habla en distintas partes de Cataluña, es el barceloní tamizado por el inventor de los inexistentes paises catalanes. Es un idioma utilizado como elemento invasor con la pretensión de hacernos a todos catalanes. quieren hacer como los nacis, los que hablan alemán son alemanes y llevaron los tanques a los Sudetes, a Viena y a otras partes y se quedaron esos territorios. El plan catalán es el mismo, pero sin tanques, con el dinero de la Generalitat de Barcelona y antes de la Banca Catalana que Pujol arruinó y cuya quiebra hemos pagado todos los españolitos a través de Fondo de Garantía Bancaria.

Le han colado la AVL en el Estatuto, porque gobernar es pactar. Lo comprendo. Pero no comprendo como traidores a las señas de identidad valenciana, son académicos, cobran con una mano de la AVL y con la otra del Instituto de Estudios Catalanes o de otra institución catalana. Estamos alimentando a los comandos invasores. Esos, que quieren convertirnos en esclavos dentro de los paises catalanes inventados, no pueden ser académicos. Respetaremos sus equivocadas opiniones, como amantes de la libertad, pero no podemos permitir que trufen nuestras universidades, nuestros institutos, nuestras escuelas, ni nuestra administración. Uno de los jefes de los comandos invasores, Fernando Palomero, está presto a ocupar, ante nuestras narices, la presidencia de la AVL. Están infectando a la gente, porque como nacis convencidos de su nacionalsocialismo, presionan a nuestros niños y a nuestra juventud. Un padre se quejaba el otro día que las clases de matemáticas, ciencias naturales, física y química se las daban en ese catalán que a usted le han tolerado, de momento, llamar idioma valenciano, porque prácticamente no ha líneas en castellano; y los exámenes ha de hacerlos en catalán; y es peor una falta de ortografía o introducir un palabra en valenciano auténtico que equivocarse en un problema de químia orgánica o de matemáticas. Son muchos los padres que están hasta el gorro de esta situación. O debo decir hasta la barretina.

Confío en usted, Sr. Camps, tan hábil con la oposición y con los zaplanistas, ha llegado la hora de que limpie la Comunidad de catalanistas alimentados con el dinero de los valencianos. ¿Podrá con los invasores, con los comandos catalanistas? Si lo consigue, que Dios se lo premie. Si no, que se lo demande, como se lo demandarán los valencianos.

22-03-06

www.llenguavalenicianasi.com

Prototipos catalanistas

Dentro de la variada colección de monstruitos y criaturas que reptan y se arrastran creadas por la coacción nacionalista y el colaboracionismo con ella, pueden distinguirse varios tipos sociales distintos:

  • El militante: también llamado ejerciente. Se caracteriza por convertir cualquier aspecto de la vida cotidiana, por pequeño que sea (por ejemplo: la compra de un cenicero o de una botella de aceite), en una afirmación de “nacionalidad” y de nacionalismo.

    Suele tener un nivel cultural primitivo, independientemente de su clase social, ignorancia acentuada por su reclusión en el ghetto seudo-cultural nacionalista y su estructura mental.

    Frecuentemente esta situado en niveles sociales fractales, es decir, al fondo de un estrato social a punto de caer en el inferior, un marginal neto, lo que le incita a buscar medios para valorarse y denigrar a los demás, como el nacionalismo, el racismo, el extremismo social…

    Es un individuo anodino, miserable de vida y espíritu, muchas veces resentido con la sociedad, cobarde siempre. Jamás luchó contra el franquismo ni contra nada, ni se interesó por ninguna teoría ni análisis social.

  • El falso moderado: producto del doble lenguaje que provoca la estrategia nacionalista de destruir el sistema democrático y de derecho desde dentro (como los nazis alemanes). Su principal característica es que, independientemente de su radicalidad, no suele presentarse como nacionalista, sino que oculta su ideología con una capa de aparente racionalidad, tal y como hacen sus partidos muchas veces.

    Es la cara presentable del régimen, que representa su imagen exterior, de “democrático” y víctima siempre, pervirtiendo el lenguaje y prostituyendo el significado de las palabras.

    Según su grado de visceralidad se le descubre antes o después, fundamentalmente cuando se insiste en algún tema clave en su fanatismo, ya sea político, cultural, deportivo…

    Es fácil engañarse con él, ya que cae en aparentes contradicciones en sus opiniones sobre los diversos temas, síntoma claro de la esquizofrenia que la coacción nacionalista provoca en la sociedad que subyuga, notándose más en la región catalana que en la vasca. Siempre hipócrita, siempre oculto, siempre traicionero.

    Por cierto que esa esquizofrenia, acompañada del posterior olvido interesado o hipócrita, fue el que vivió la sociedad alemana con el nazismo. Por eso el moderado es falso, porque no existen integristas moderados ni nazis moderados, son lo que su ideología es.

  • El colaboracionista: en el colaboracionismo siempre hay diversos grados, al que nos referimos es al colaboracionista consciente. El que, captando el clima de opresión, bombardeo propagandístico y coacción, no se inhibe, no sólo adopta una actitud pasiva, sino que se adapta de un modo activo a la corriente.

    El modelo de este personaje es el alemán de la posguerra, que nada sabía y nada hizo a pesar de haber denunciado a su vecino judío y comprado sus propiedades.

    Es el “castellano-hablante” que usa su idioma (muchas veces materno y paterno, hijo de la emigración de los años 60) con los amigos pero cambia en cuanto oye el del enemigo, sobre todo en público. Algo más que hipocresía o cinismo, porque está enmarcada en una situación política y social coactiva de la que es consciente, es vergüenza de la propia humillación.

    Más claro: medidas como las del presidente del Fútbol Club Barcelona, Juan Laporta, para vincular ¡por contrato! a los jugadores con la “cultura, la lengua y la historia” catalan(ist)as, están destinadas a generar ese colaboracionismo u otro mayor, aunque sean y parezcan tan ridículas como las chorradas “arianistas” de Hitler.

  • El renegado: la diferencia con el colaboracionista es que el renegado quiere creer, quiere ser lo que el enemigo le dicta, debiendo de renegar activa, permanente y públicamente de lo que es, de su idioma, cultura y nación.

    Es un ser repugnante, bilioso, hecho de odio y autodesprecio, ejemplificado en la frase “Roma no paga traidores”. Las filas de los ultras del FC Barcelona, el Atlético de Bilbao, etc, y de HB y ERC están llenas de estos “charnegos” y “maketos” (como los siguen llamando los nacionalistas) que pagan el “pecado” de sus orígenes con la sumisión a los mitos y la ideología nacionalistas.

    Como todos los conversos y traidores, deben ser más fanáticos que los puros para demostrar su fidelidad e integrarse en la “comunidad nacionalista” y su sociedad totalitaria.

    El modelo de este individuo quizás sería Reinhardt Heydrich, jefe de Seguridad de las SS nazis y artífice de la “solución final” para los judíos (parece demostrado que era medio judío).

La coacción y dominio de los nacionalistas y la colaboración con ellos de los partidos políticos ha provocado el surgimiento de estos prototipos, pero también el de otros: el de esa mayoría silenciosa que no tiene representación política, víctima de las operaciones nacionalistas.

También los que han huido para continuar su vida sin presiones y humillaciones constantes. Y por último, los que resisten pero aún no han logrado estructurar las bases políticas y culturales de un bando propio: orgulloso, consciente y ofensivo, que no colabora ni se doblega.

El mejor método para lograrlo es, ante todo, no hablar sus falsos idiomas, no participar en sus montajes “culturales”, no comprar sus productos ni entrar en sus entidades culturales, deportivas, políticas, etc, ni en las que colaboren con ellos de forma más clara y voluntaria, y mostrarse ante todos ellos firme en la práctica de nuestra lengua y cultura. Es lo que más les duele, porque en esta guerra política (que pronto convertirán en guerra civil) las balas son hoy los elementos culturales.

Acció cultural del País Valenciá

Grupo manipulador infiltrado el la Comunitat Valenciana y sobornado por el dinero y el poder catalán. Esquiroles a su tierra, enemigos de ella. Anualmente reciben dinero desde Catalunya, a su vez prestado por el Gobierno de Zapatero, para promover la farsa de la lengua y cultura catalanas en nuestro Reyno.

Joan Fuster

UNO DE LOS MAYORES TRAIDORES A NUESTRO REiNO.

Joan Fuster (Sueca, 1922-1992) . De su obra, prolífica y variada en temas, destaca por su ensayo político Nosaltres, els valencians (1962). Estudia la obra de Ausiàs March, san Vicent Ferrer, Salvador Espriu y Josep Pla, entre otros. Estructura una indocumentada teoría de la historia de los Países Catalanes. Es distinguido, entre otros galardones, con el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes (1975) y la Medalla d’Or de la Generalitat de Catalunya (1983). A título póstumo, el Consell de la Generalitat Valenciana le concede la Alta Distinció al Mèrit Cultural. (Joan Lerma)

Fue presidente de la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana (1987-1991).

Éste es el triste, pobre y vergonzoso Curriculum de alguien que pasó por ésta vida sin pena ni gloria. Un traidor a su pueblo, como el que renuncia a su madre. Descanse en Paz.

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